Un buen baño no termina cuando sales del agua. El cuidado del neopreno empieza en el aparcamiento y continúa en casa: cómo te lo quitas, dónde lo enjuagas, qué haces mientras se seca y dónde lo guardas puede convertirse en una rutina sencilla o en una sucesión de pequeños descuidos.

Hay una escena bastante reconocible: llegas con hambre, dejas el traje dentro de la bolsa y decides ocuparte después. Luego aparecen el trabajo, una compra pendiente o una llamada. A la mañana siguiente vuelves a abrir la bolsa y allí sigue el equipo húmedo. El problema no era desconocer una técnica complicada. Era que el lavado y el secado no tenían un lugar en el plan.

Esta guía recorre el camino completo del traje de surf, desde la salida del agua hasta la siguiente sesión. Las recomendaciones básicas de limpieza y conservación se han contrastado con fabricantes; los ejemplos de organización son propuestas prácticas de THE SURF TOWN JOURNAL. La etiqueta y las instrucciones de tu modelo tienen prioridad, especialmente si incorpora tejidos, cierres o materiales que exigen un cuidado particular.

No hace falta convertir el baño en un laboratorio ni comprar un accesorio para cada paso. Sí ayuda distinguir entre enjuagar, limpiar, secar, transportar y guardar. Son operaciones diferentes. Un traje que parece limpio puede seguir húmedo por dentro, y una bolsa que resuelve el regreso no tiene por qué ser un buen lugar donde dejarlo toda la semana.

1. Antes de empezar: identifica qué traje tienes

La palabra «neopreno» se utiliza de manera habitual para hablar del traje, aunque el catálogo actual incluye distintas espumas, revestimientos y construcciones. Dos prendas con el mismo grosor pueden tener un interior diferente y sistemas de entrada distintos. Por eso, la primera comprobación útil no está en un vídeo de trucos: está en la etiqueta, el modelo y sus indicaciones de mantenimiento.

Localiza esa información una vez y consérvala junto al comprobante de compra. Puedes fotografiar la etiqueta antes de que resulte difícil leerla. La foto evita que, meses después, tengas que adivinar qué producto utilizaste o qué temperatura recomendaba la marca. Si el traje fue comprado de segunda mano, intenta identificarlo sin atribuirle prestaciones que no puedas confirmar.

Una ficha breve que sí resulta útil

Apunta marca, modelo, grosor indicado, tipo de cierre y fecha aproximada de compra. Añade dónde encontraste sus instrucciones y si ya existe algún arreglo. No necesitas registrar cada ola ni calcular una fecha automática de caducidad. Esa ficha sirve para hablar con un taller, reconocer un cambio y separar un problema antiguo de uno que acaba de aparecer.

Si quieres entender por qué han cambiado los materiales, puedes leer nuestra explicación sobre neopreno, limestone y caucho natural en los trajes de surf. Aquí nos concentramos en el cuidado cotidiano, sin dar por hecho que todos los materiales se mantienen exactamente igual.

2. Quitártelo sin convertir cada manga en una cuerda

Los fabricantes recomiendan ponerse y quitarse el traje con cuidado y evitar tirones, enganches y superficies abrasivas. Una toalla o una superficie de cambio limpia puede ayudar a mantenerlo apartado de grava y suciedad. La idea es sencilla: facilitar la salida del pie y de la mano, en lugar de resolver cualquier resistencia aumentando la fuerza.

En el aparcamiento, organiza primero el espacio. Deja accesible lo que necesitas para secarte y evita intentar sujetar a la vez la tabla, las llaves y una manga. Con las manos ocupadas, el gesto de quitarse el traje se vuelve más torpe. Un minuto dedicado a colocar las cosas puede ahorrarte una maniobra incómoda sobre un suelo que no has mirado.

Cuando el pie se queda atrapado

Imagina que estás de pie, apoyado sobre una sola pierna, y el traje no termina de salir del tobillo. Antes de tirar más fuerte, busca una postura estable y deja libre el movimiento. Si hace falta, siéntate en un lugar adecuado. El objetivo es recuperar control sobre la operación, no competir con la prenda para terminar antes que los demás.

Quien comparte coche puede acordar un orden: una persona recoge tablas mientras otra se cambia y después intercambian tareas. No es una norma del surf ni un protocolo técnico. Es una forma de reducir el desorden justo cuando coinciden viento, cansancio y objetos húmedos.

Dos surfistas con neopreno y tablas caminan por la orilla de Raglan
Surfistas con neopreno en la orilla de Raglan, Nueva Zelanda. Imagen de contexto. Fotografía real: Callum Hill / Unsplash.

3. El regreso: transportar no significa almacenar

Una bolsa o un recipiente puede mantener el equipo mojado separado de la ropa seca durante el trayecto. Antes de cerrarlo, comprueba qué has introducido. A veces el traje comparte espacio con una toalla, escarpines y objetos que no deberían mojarse. Si no distingues esos contenidos, terminarás vaciándolo todo sobre la misma superficie al llegar.

Plantea el recipiente como una estación de paso. Su utilidad termina cuando tienes un lugar donde ocuparte del equipo. La frase «ya lo he guardado» puede resultar engañosa si solo significa «ya no lo veo». Para completar la sesión, queda una segunda llegada: sacar el traje del transporte y ponerlo en la rutina de cuidado.

Un recordatorio colocado en el lugar correcto

Si sueles olvidarlo, deja la bolsa donde puedas verla al descargar, sin bloquear una salida ni crear un tropiezo. También puedes añadir «vaciar equipo húmedo» a la lista que utilizas para el regreso. Es más concreto que «ordenar después» y te permite comprobar si la tarea se ha hecho.

Para elegir cómo distribuir la carga, nuestra comparación entre bolsas estancas de quince y veinte litros explica capacidad y usos. Ninguna capacidad, por grande que sea, sustituye el trabajo posterior de sacar, revisar y atender el equipo.

4. El enjuague: agua dulce y atención a las dos caras

La base de cuidado que comparten las guías consultadas es enjuagar el traje con agua dulce fría después del uso y atender tanto el interior como el exterior. No basta con humedecer la zona que se ve. Antes de empezar, comprueba las instrucciones particulares de la prenda y prepara un recipiente o un espacio limpio donde puedas manipularla sin arrastrarla.

Organiza el recorrido para no ir dejando partes fuera. Puedes empezar por una cara y continuar con la otra, pasando por mangas, piernas y zona del torso. No proponemos un cronómetro ni una cantidad universal de agua. Lo importante es que el método te permita reconocer qué has atendido y qué sigue pendiente.

La diferencia entre una pasada y una comprobación

Cuando terminas, mira el traje con buena luz. ¿Queda arena visible en un pliegue? ¿Hay una parte que apenas has abierto? ¿El recipiente estaba limpio antes de introducirlo? Esas preguntas describen operaciones observables. Ayudan más que dar por terminada la limpieza porque has utilizado el mismo tiempo que el día anterior.

Si compartes baño o patio, acuerda dónde se hace esta tarea y cómo se deja el espacio después. El cuidado del equipo debería convivir con la casa. Resolver esa logística evita que el próximo enjuague se retrase porque primero tienes que despejar media habitación.

5. Limpieza específica: empieza por las instrucciones

Cuando el enjuague habitual no resuelve la suciedad o el olor, los fabricantes contemplan limpiadores específicos para trajes. Su aplicación depende del producto y del material: respeta dosis, dilución, tiempo y aclarado indicados. No extrapoles las instrucciones de una botella a otra ni utilices un detergente doméstico solo porque la prenda tenga aspecto de ropa deportiva.

Antes de abrir un producto, lee también qué exige después. Si necesita un aclarado o un tiempo de espera, organiza el espacio para poder completarlo. Empezar una tarea sin margen para terminarla suele acabar con una improvisación. Esa improvisación no se vuelve más adecuada porque el limpiador sea especializado.

Evita el armario de remedios

Un amigo puede recomendar una mezcla que dice haber utilizado durante años. Esa experiencia no confirma que sea compatible con tu traje. Tampoco necesitas discutir todas las recetas que circulan. La pregunta concreta es si el fabricante de la prenda y las indicaciones del producto respaldan ese uso. Si no puedes comprobarlo, consulta antes de experimentar.

Guarda el limpiador identificado y con su etiqueta. Una botella sin nombre convierte la siguiente limpieza en una adivinanza. Si varias personas comparten material, explica qué producto corresponde a qué tarea y evita trasladarlo a un envase que pueda confundirse con otra cosa.

6. Secar: preparar el lugar antes de tener prisa

Las guías revisadas desaconsejan el calor intenso, la exposición directa al sol y la secadora. Recomiendan sombra, ventilación y un soporte adecuado; también comprobar ambos lados antes de guardar. No hay un tiempo de secado que podamos prometer para todos los trajes, porque intervienen la construcción, la humedad y las condiciones del espacio.

La decisión más útil puede tomarse antes del próximo baño: dónde vas a colocarlo. Mira si el lugar recibe sol directo a otra hora, si el goteo molesta y si alguien necesita pasar por allí. Un rincón que funciona al mediodía puede dejar de serlo por la tarde. Elige el espacio pensando en todo el proceso.

Un punto de secado que puedas mantener

Imagina dos opciones: una es cómoda, pero tendrás que retirar el traje en cuanto alguien use la habitación; la otra necesita una pequeña preparación y después puede mantenerse. Valora cuál encaja mejor con tu casa. La solución perfecta en una fotografía no sirve de mucho si obliga a mover la prenda cada veinte minutos.

Si no tienes un lugar apropiado, identifica la limitación y busca una alternativa compatible con las instrucciones. No conviertas la falta de espacio en una razón para utilizar una fuente de calor. A veces el problema se resuelve reorganizando el recorrido, no intentando acelerar el material.

7. El soporte importa: evita improvisar con lo primero que encuentres

Para el secado, Rip Curl describe el apoyo equilibrado por la cintura sobre una superficie lisa y redondeada; para guardar, también contempla una percha ancha adecuada o colocarlo extendido. O’Neill insiste en soportes amplios. Comprueba las instrucciones de tu modelo y distingue el traje mojado del que ya está completamente seco.

Antes de usar una barra, mira el estado real del apoyo. Que sea horizontal no asegura que esté limpio o que no tenga un borde irregular. Haz esa comprobación con la superficie vacía, cuando puedes observarla bien. Después distribuye la prenda sin convertir la colocación en una pelea con mangas y piernas.

Un ejemplo en una vivienda compartida

Dos personas llegan con trajes distintos y solo hay un punto disponible. En lugar de apilarlos y confiar en que ambos estén listos, organizad una distribución que permita revisar cada uno. Tal vez haga falta otro soporte o un lugar diferente. La pregunta es dónde cabe el proceso completo, no cuántas prendas puedes amontonar.

Si utilizas una percha que venía con el equipo, comprueba que siga en buen estado. Conservar un accesorio útil puede evitar una compra, pero su procedencia no elimina la necesidad de revisarlo. Un soporte roto no recupera su función por haber sido el original.

Surfista con neopreno negro sobre una ola pequeña
El cuidado del traje continúa después de cada sesión. Imagen de contexto. Fotografía real: Colin Davis / Unsplash.

8. La segunda cara: el paso que más fácilmente se queda pendiente

Una rutina puede detenerse demasiado pronto: miras el lado expuesto, lo notas seco y lo llevas al armario. Antes de cerrar el proceso, comprueba también el otro lado y las zonas que quedan recogidas. No confundas una impresión rápida con haber revisado toda la prenda. La etiqueta del modelo sigue siendo la referencia para organizar el secado.

Este paso se presta a un recordatorio sencillo. Cuando colocas el traje, deja anotada la siguiente operación: «revisar la otra cara». No hace falta programar una alarma que prometa cuándo estará seco. El recordatorio señala una comprobación pendiente, no calcula un resultado que depende del entorno.

Cómo repartir la tarea sin perderla

Si alguien va a ayudarte, evita una indicación vaga como «guárdalo cuando puedas». Explica qué falta y dónde están las instrucciones. Quien ve el traje por primera vez puede desconocer si está recién enjuagado, si ya has revisado ambos lados o si solo lo has sacado de la bolsa.

La coordinación puede ser mínima: una nota, una frase o una posición acordada del soporte. Lo importante es que no existan dos versiones del estado del equipo. Una persona no debería asumir que la otra ha completado un paso que nadie ha realizado.

9. Dos sesiones el mismo día: no prometas un secado imposible

Un baño por la mañana y otro por la tarde crean un intervalo concreto. Antes de decidir, cuenta desplazamiento, comida, obligaciones y cuidado del equipo. Lo que queda entre ambas sesiones no siempre coincide con las horas que imaginabas. Tener dos ventanas de olas no significa tener también dos ventanas completas para ocuparte del traje.

La organización puede empezar dejando preparado el espacio de enjuague y secado antes de salir. A la vuelta, no necesitas buscar un recipiente ni despejar el soporte. Eso elimina tareas accesorias, pero no autoriza a inventar un tiempo de secado. Comprueba el estado real del equipo antes del segundo baño.

Qué anotar después de una jornada doble

Registra qué ocurrió con el horario: cuándo llegaste, qué te retrasó y qué parte de la rutina quedó pendiente. No atribuyas automáticamente una sensación de frío a una sola causa. El ajuste, las condiciones, el estado del traje y tu situación pueden merecer comprobaciones distintas. Si algo ha cambiado, describe el cambio antes de buscar una explicación.

La siguiente jornada puede mejorar con una decisión sencilla: otro reparto del tiempo, una sesión más corta o un regreso menos apurado. El objetivo es hacer compatible el surf con un cuidado que puedas completar, sin convertir cada tarde en una urgencia.

10. Guardarlo varios días: cierra el proceso con una revisión

Guardar empieza cuando la prenda está completamente seca y el lugar elegido cumple sus indicaciones de conservación. Las guías consultadas recomiendan un espacio fresco y seco, apartado del sol directo. Antes de dejarlo allí, revisa el conjunto: traje, soporte y entorno. No presupongas que el mismo armario sirve igual en todas las estaciones.

Piensa en qué ocurrirá durante los días siguientes. ¿Vas a colocar equipaje encima? ¿Ese hueco se utiliza para productos o herramientas? ¿Puedes recuperar la prenda sin tirar de una manga? Esas preguntas convierten «buscar sitio» en una decisión concreta. El mejor hueco es uno que puedas mantener disponible y utilizar sin desordenar todo lo demás.

Cuando termina una temporada

Haz una comprobación antes de guardar y otra cuando recuperes el traje. Una fotografía del estado general y una nota sobre reparaciones pendientes pueden servir. No necesitas elaborar un informe, pero sí evitar que un problema conocido desaparezca de la memoria durante varios meses.

Si encontraste un daño al final del último viaje, no lo conviertas en una sorpresa el día del primer baño. Deja registrada la consulta o reparación que falta. Preparar la siguiente temporada incluye resolver lo pendiente, no solo volver a sacar la bolsa.

11. En camper o de viaje: pregunta por el cuidado, además de por las olas

Cuando buscas alojamiento, preguntas por la distancia a la playa y el aparcamiento. Añade una pregunta más: dónde puedes enjuagar y secar el equipo. No todos los lugares disponen de una zona adecuada y no corresponde improvisarla sobre muebles o espacios ajenos. Conocerlo antes de reservar permite organizar el recorrido y respetar la vivienda.

En una camper, dibuja las zonas que necesitas mantener secas: cama, ropa, comida y objetos personales. Después identifica qué sucede con el traje al regresar. Si la única solución consiste en colocarlo sobre cualquiera de esas zonas, falta una parte del plan. No necesitas una distribución compleja, pero sí saber dónde termina cada cosa.

Un día con varias paradas

Supón que sales del agua, conduces a otro pueblo y comes antes de volver al alojamiento. El traje también participa en ese itinerario. Decide qué atención puedes darle al salir y cuándo completarás la rutina. La parada de comida puede ser agradable y, al mismo tiempo, prolongar una tarea pendiente que no habías contado.

Si viajas con un grupo, pregunta cuántas prendas utilizarán el mismo espacio. Un soporte disponible para una persona puede no resolver el cuidado de cinco equipos. Acordar turnos y lugares antes del primer baño evita discutir con todos los trajes mojados en las manos. El viaje gana tranquilidad cuando la logística también tiene sitio.

12. Revisar un daño: describe lo que ves antes de ponerle nombre

Una revisión casera sirve para detectar y documentar cambios; no sustituye el diagnóstico de un profesional. Observa con buena luz zonas de entrada, cierres y uniones, sin forzar la prenda para producir un defecto. Si aparece algo distinto, sitúalo con precisión: manga derecha, parte interior, junto a una unión o cerca del cierre.

Utiliza dos fotografías: una del conjunto que permita localizar el área y otra cercana que muestre el detalle. La combinación ayuda más que una imagen tan ampliada que nadie reconoce dónde se tomó. Incluye una descripción de cuándo lo notaste y qué había ocurrido, separando lo que recuerdas de lo que solo sospechas.

Un mensaje útil para una consulta

«Después de la última sesión he visto una abertura en esta zona; no estaba registrada en mi revisión anterior. Adjunto el modelo, la compra y dos fotos». Esa información facilita la conversación. «Está todo roto» o «seguro que es un fallo de fábrica» pueden expresar frustración, pero no describen el problema con la misma claridad.

Si notas una entrada de agua que antes no percibías, explica dónde y en qué circunstancias. No concluyas que una unión es responsable sin haberlo comprobado. La consulta debe ayudar a decidir el siguiente paso, no obligar a quien la recibe a confirmar una causa que ya has elegido.

13. Reparación y garantía: consulta antes de intervenir

Los servicios de las marcas pueden pedir comprobante de compra, identificación del modelo y fotografías para valorar una incidencia. Las condiciones cambian según marca, región y situación; no existe una cobertura idéntica para todos los trajes. Antes de aplicar adhesivos o hacer un arreglo, pregunta qué procedimiento corresponde al tuyo.

Prepara la consulta con los documentos reunidos y espera indicaciones sobre envío, revisión o reparación. No presupongas un plazo ni prometas que el traje estará listo para un viaje concreto. Si necesitas el equipo para una fecha, comunícala como una necesidad, no como un resultado ya garantizado.

Tres preguntas para tomar una decisión

¿Qué problema se propone corregir? ¿Qué resultado puede esperarse del arreglo? ¿Qué coste y plazo te han confirmado? Con esas respuestas puedes valorar la reparación dentro del estado general de la prenda. Una cifra aislada resulta menos útil si no sabes qué incluye o qué parte del equipo quedará revisada.

Conserva la respuesta y el justificante del trabajo realizado. Si más adelante surge otra incidencia, podrás distinguir las áreas intervenidas. Este registro también ayuda cuando prestas o vendes el equipo: puedes explicar su historial con hechos y evitar expresiones imprecisas como «está prácticamente nuevo».

Surfista con traje de neopreno negro recorriendo una ola en Pismo Beach
Surf con neopreno en Pismo Beach, California. Imagen de contexto; no representa una prueba de mantenimiento. Fotografía real: Tim Mossholder / Unsplash.

14. Material prestado o compartido: acuerda cómo se devuelve

Prestar un traje no termina al confirmar la talla. Antes de entregarlo, explica sus instrucciones, el estado conocido y qué esperas al recibirlo. Si hay una reparación anterior, señálala. Si lo vas a utilizar tú al día siguiente, cuenta también el tiempo que necesitas para comprobarlo después de la devolución.

Puede ser útil revisar juntos el equipo al principio. Esa revisión no necesita convertirse en un inventario desconfiado. Permite que ambas personas sepan qué prenda están utilizando y cómo está. Cuando aparece una duda después, existe una referencia común en lugar de dos recuerdos que no coinciden.

Una devolución que cierra el préstamo

Comprobad qué operaciones se han realizado y si queda alguna pendiente. «Lo he lavado» puede significar cosas distintas para cada persona. Pregunta si se ha seguido la etiqueta, si se revisaron ambas caras y si se ha detectado algún cambio. La conversación es más sencilla cuando se refiere a tareas concretas.

En una familia o un grupo con varios trajes, identifica cada uno sin dañar el material. Una etiqueta en su bolsa de transporte puede bastar. Evita que el cuidado del equipo más usado quede repartido entre todos y, por esa misma razón, no lo complete nadie.

15. Un recorrido completo para una tarde de surf

Imagina una sesión después del trabajo. Al salir de casa dejas preparado el soporte y localizas la toalla de cambio. En la playa colocas tus objetos antes de quitarte el traje. Durante el regreso mantienes separado el equipo húmedo. Al llegar, vacías el recipiente y comienzas el cuidado siguiendo las indicaciones del modelo.

Después compruebas que la prenda queda colocada de forma adecuada y anotas la revisión pendiente. Cuando puedes atenderla, observas ambos lados y el estado general. Si todo está listo, la llevas al lugar de conservación. Si hay una duda, la registras y consultas antes de utilizar un producto o hacer un arreglo.

Encuentra el paso que realmente se atasca

Tal vez no falla el enjuague: falla descargar la bolsa. Tal vez siempre la vacías, pero nadie revisa la segunda cara. En otro caso, el espacio de secado cambia de uso antes de completar la tarea. Cada dificultad requiere una solución diferente. Añadir más instrucciones de lavado no arregla por sí solo un soporte que debes retirar demasiado pronto.

Observa dos o tres regresos y cambia una sola parte del recorrido. Si mejoras todo a la vez, será difícil saber qué decisión ayudó. No se trata de medir productividad doméstica. Se trata de encontrar una rutina que siga funcionando cuando vuelves cansado y el resto de la tarde continúa.

16. Preguntas frecuentes, sin trucos milagrosos

¿Puedo meter el neopreno en la lavadora?

Las guías de Rip Curl y O’Neill consultadas lo desaconsejan, igual que el uso de secadora. Revisa siempre la etiqueta de tu modelo y utiliza el procedimiento indicado. Una función de lavado que parezca suave no demuestra que resulte compatible con el traje.

¿Cuánto tarda en secarse?

No hay una cifra universal que podamos darte. Cambian el material, el revestimiento, el grosor y el entorno. Comprueba ambos lados en lugar de decidir únicamente por las horas transcurridas. Una estimación puede ayudarte a organizarte, pero no sustituye observar el estado real.

¿Un poco de olor significa que tengo que comprar otro?

El olor por sí solo no permite valorar el estado completo ni decidir una sustitución. Revisa la rutina de cuidado y las indicaciones de limpieza. Si persiste o aparece junto a cambios del material, consulta con información del modelo y una descripción concreta de lo que notas.

¿Puedo quitar restos de cera con disolvente?

No improvises con disolventes. La guía de Rip Curl advierte que intentar eliminar cera puede dañar la prenda y que esos restos no justifican por sí mismos una intervención. Para una mancha o un material particular, pregunta al fabricante antes de aplicar productos.

¿Cuándo debería cambiar el traje?

No establecemos una fecha de caducidad común. Valora estado, ajuste, uso previsto y posibles reparaciones con información real. El calendario de compra no describe por sí solo las condiciones del equipo. Si ya no cumple su función para tu sesión, necesita una evaluación antes de seguir utilizándolo.

Lo que debes tener resuelto antes del próximo baño

Una lista de cierre para dejar junto al material

  • Al descargar: sacar el traje y los accesorios del recipiente; separar la ropa seca de lo que necesita atención.
  • Al enjuagar: seguir la etiqueta, atender interior y exterior y comprobar si queda arena visible o alguna zona recogida.
  • Al colocar: revisar el soporte, el espacio de goteo y la exposición al sol durante las horas siguientes.
  • Antes de guardar: comprobar las dos caras, identificar daños nuevos y dejar registrada cualquier consulta pendiente.
  • Antes de salir otra vez: recuperar el equipo con tiempo para observarlo y confirmar que se ajusta al uso previsto.

Puedes adaptar esta lista a tu casa y a las indicaciones del modelo. Conserva únicamente los pasos que realmente realizas y marca lo que falta. Una lista breve ayuda cuando describe el recorrido concreto de tu equipo; pierde utilidad si acumula tareas que nadie puede reconocer.

Comprueba que puedes responder a estas preguntas: ¿sé qué indican las instrucciones de mi traje?, ¿tengo un lugar limpio para cambiarme y atenderlo?, ¿he decidido dónde se seca?, ¿quién comprueba lo que queda pendiente?, ¿hay algún daño o consulta que debo resolver? Son preguntas pequeñas, pero recorren toda la vida cotidiana del equipo.

Un traje no necesita que inventes un ritual perfecto. Necesita una secuencia que puedas completar: usarlo con cuidado, atenderlo después de la sesión, comprobar el secado y conservarlo según sus indicaciones. Cuando esa secuencia encuentra sitio en tu día, el siguiente baño empieza con menos improvisación.

El mar seguirá aportando sorpresas. Algunas pertenecen a las olas y otras a tu agenda. Las que ocurren dentro de una bolsa olvidada en el coche son bastante más fáciles de prevenir. Terminar bien la sesión es también preparar la siguiente.

THE SURF TOWN JOURNAL

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