Fotografía de portada: Tom Curren con su tabla en el Family Surfing Challenge 2025. Imagen de archivo: BeX / Family Surfing Challenge. Se conserva el tratamiento gráfico del original.

El surf suele contarse desde las olas grandes, los campeonatos y los nombres propios. Pero también se transmite de una forma mucho más sencilla: alguien lleva a otra persona a la playa, le explica cuándo remar y espera en la orilla hasta que vuelve. El Family Surfing Challenge regresa a Liencres los días 3 y 4 de octubre de 2026 para convertir esa cadena familiar en el centro del evento.

La tercera edición reunirá en Cantabria a familias de distintos lugares con una propuesta poco habitual: competir juntos, compartir playa y demostrar que el surf puede unir a personas de edades muy diferentes. Tom Curren, tres veces campeón del mundo, volverá acompañado de su familia. No será solamente una visita de leyenda; el californiano formará parte de un fin de semana donde las mangas, la música y la cultura surf se mezclan sin perder de vista lo esencial: entrar al agua con los tuyos.

Una competición donde cuenta toda la familia

El formato permite formar equipos familiares con representantes de hasta tres generaciones. Los resultados individuales suman para el conjunto, de modo que la experiencia, la lectura del mar y el entusiasmo de los más jóvenes pesan dentro de la misma clasificación. El planteamiento cambia por completo la conversación habitual de un campeonato: aquí no se trata únicamente de saber quién surfea mejor, sino de cómo una familia comparte su relación con el océano.

La idea nació alrededor de la familia García, una saga muy vinculada al surf cántabro, y ha crecido sin abandonar ese carácter cercano. En la edición de 2025 participaron 31 familias, alrededor de 120 surfistas de seis nacionalidades y personas de edades comprendidas entre los 3 y los 70 años, según los datos difundidos por la organización. Es difícil encontrar una fotografía más clara de lo que significa una cultura que pasa de padres a hijos, pero también de hijos a padres y de nietos a abuelos.

Cantabria conoce bien esa transmisión. La historia de pioneros como David “Capi” García explica cómo el surf dejó de ser una rareza importada para convertirse en parte de la identidad de toda una costa. El Family Surfing Challenge recoge ese legado y lo lleva a un formato actual, abierto y festivo.

Un niño surfea una pequeña ola mientras su padre lo acompaña en el agua en Morro Bay, California
Aprender acompañado: un padre y su hijo comparten una sesión en Morro Bay, California, el 21 de diciembre de 2007. Fotografía de archivo que ilustra la transmisión familiar del surf. Foto: Michael «Mike» L. Baird / Wikimedia Commons, CC BY 2.0. Sin recorte.

Tom Curren, mucho más que una figura invitada

La presencia de Tom Curren da al encuentro una dimensión especial. Su surf, preciso y aparentemente sencillo, marcó una época y sigue siendo una referencia para varias generaciones. Que participe junto a su familia encaja mejor aquí que una aparición protocolaria: Curren representa ese puente entre el surf competitivo, la creatividad personal y una vida construida alrededor del mar.

La música también forma parte de su visita. La Curren Family Band acompañará el programa cultural, reforzando la idea de que el surf no termina cuando se sale del agua. Conciertos, conversaciones y encuentros informales permiten que lo vivido durante las mangas continúe fuera de la playa. Esa mezcla recuerda que los mejores festivales de surf funcionan cuando el deporte es el punto de partida y no el único argumento; algo que también se ha visto en propuestas como el Quiksilver Festival de Hossegor.

Tom Curren toca la guitarra durante el concierto del Family Surfing Challenge de 2025 en Liencres
Tom Curren durante el concierto del Family Surfing Challenge 2025 en Liencres. Fotografía de archivo: BeX / Family Surfing Challenge. Se conserva el tratamiento gráfico del original.

Liencres como escenario: mar, comunidad y paisaje

El entorno de Liencres aporta mucho más que una ola. Sus arenales, dunas y acantilados forman uno de los paisajes más reconocibles de la costa cántabra. En octubre, además, el ambiente cambia: hay menos ruido de verano, la luz es más baja y el Atlántico empieza a mostrar su carácter otoñal. El programa deportivo dependerá, como siempre, de las condiciones del mar, por lo que la organización ajustará el desarrollo de las mangas al escenario más adecuado.

Para el público, el interés está precisamente en esa combinación. Se puede seguir la competición, ver surfistas de edades y niveles muy distintos y entender cómo una familia se organiza antes de entrar al agua. No todas las escenas decisivas ocurren sobre la ola: elegir una manga, animar desde la arena, ayudar con el neopreno o comentar una maniobra forman parte del mismo ritual.

Dunas de arena y vegetación litoral de Liencres con el mar Cantábrico al fondo
Dunas y litoral de Liencres, fotografiados el 10 de octubre de 2010. Imagen de archivo del paisaje cántabro. Foto: Fiammamb / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Sin recorte.

La cultura de construir y reparar

El programa incluye también la Vissla Shaping Caravan, una iniciativa itinerante relacionada con el diseño y la fabricación artesanal. Su presencia abre una ventana a una parte del surf que a menudo queda oculta: la relación entre una idea, una forma y la manera en que una persona se mueve sobre el agua. Ver trabajar a un shaper ayuda a comprender por qué pequeños cambios pueden transformar sensaciones y por qué la reparación y el cuidado siguen siendo valores importantes dentro de la comunidad.

Ese componente artesanal encaja con un evento familiar porque invita a preguntar, observar y aprender. Los niños pueden descubrir que el material no aparece de la nada y los adultos pueden volver a mirar con curiosidad algo que quizá daban por hecho. La cultura surf se fortalece cuando no solo consume imágenes, sino que entiende procesos, oficios y decisiones.

Un puente entre Cantabria y Lanzarote

Antes del fin de semana, el 2 de octubre, Santander acogerá una presentación de Linking Surfing Spots, un proyecto que conecta Cantabria y Lanzarote a través de sus comunidades y eventos. Tom Curren participará junto a Dani García y Manuel Lezcano en una conversación que enlaza el Family Surfing Challenge con la Quemao Class. Dos costas muy distintas, una del Cantábrico y otra volcánica, comparten así experiencias sobre cómo un lugar puede proteger su identidad sin dejar de abrirse al mundo.

La conexión tiene sentido. En ambos territorios el surf es deporte, viaje, economía local y memoria colectiva. Juntar esas miradas permite hablar de olas sin reducirlas a un decorado y recordar que cada playa tiene normas no escritas, temporadas, familias y personas que la cuidan durante todo el año.

En vídeo: el estilo de Curren en Wavegarden

La visita de Tom Curren a Wavegarden Lab, vinculada a su participación en el Family Surfing Challenge de 2025, permite ver en movimiento esa lectura de ola que sigue inspirando a varias generaciones. Es una sesión de archivo en una instalación de olas artificiales.

Vídeo: Antonio Bretones — LEGEND / TOM CURREN · Wavegarden Lab. Archivo de 2025. Contexto de la sesión en Carve.

Por qué este evento merece atención

El Family Surfing Challenge importa porque propone otra medida del éxito. Una final y un premio siguen teniendo su emoción —la familia ganadora optará a un viaje para cuatro personas a Maldivas—, pero el verdadero valor está en poner a convivir edades, estilos y motivaciones que normalmente aparecen separadas.

En una época en la que el surf competitivo se hace cada vez más rápido, técnico y profesional, Liencres recuerda que la base continúa siendo íntima: una familia que madruga, mira el parte, prepara el coche y comparte unas horas junto al mar. A veces el futuro de una cultura no se decide en una gran final. Se decide cuando alguien pequeño ve a una persona mayor entrar al agua y piensa: yo también quiero hacerlo.

Los días 3 y 4 de octubre, Liencres no será solo una sede. Será un punto de encuentro entre quienes aprendieron antes, quienes están aprendiendo ahora y quienes todavía no saben que el surf puede acompañarlos toda la vida.

THE SURF TOWN JOURNAL