La primera ola no debería ser el calentamiento. En otoño, cuando el aire refresca, el neopreno añade resistencia y el cuerpo llega más rígido tras el viaje, entrar directamente a remar suele convertir los primeros minutos en una pelea innecesaria. Una preparación breve en la arena puede ayudarte a empezar con mejores sensaciones, moverte con más control y reservar energía para lo importante.

No hace falta montar un gimnasio frente al pico ni copiar una rutina profesional. La idea es elevar poco a poco la temperatura corporal, movilizar las zonas que más trabajan en el surf y ensayar los gestos que repetirás dentro del agua. Diez minutos bien utilizados son más útiles que una colección interminable de estiramientos hechos con prisa.

Foto de portada: TR2HG, licencia CC BY-SA 3.0. Fotografía real de un surfista calentando en una playa de Bahía, Brasil.

Por qué el otoño cambia la entrada al agua

El descenso de temperatura no solo afecta a la sensación térmica. También cambia la manera en la que llegamos a la sesión: más capas de ropa, trayectos más largos en coche, viento en la orilla y un traje más grueso que limita ligeramente el movimiento respecto a un bañador o un neopreno fino.

La remada exige que hombros y escápulas trabajen una y otra vez. La puesta en pie pide rapidez de cadera, estabilidad del tronco y coordinación. Después llegan las compresiones, rotaciones y cambios de dirección. Por eso un calentamiento útil para surf debe preparar movimientos, no limitarse a tirar de un brazo durante treinta segundos mientras miramos las series.

La evidencia general en preparación deportiva favorece una progresión dinámica: empezar suave, aumentar el rango de movimiento y terminar con acciones parecidas a las del deporte. La rutina debe adaptarse a tu edad, experiencia, temperatura y antecedentes. Si hay dolor, una lesión reciente o una limitación importante, lo prudente es parar y consultar a un profesional sanitario o de la actividad física.

Minutos 0–2: activa el cuerpo entero

Empieza caminando con ritmo por la arena, trotando muy suave o alternando pasos laterales. Añade movimientos cómodos de brazos sin buscar todavía la máxima amplitud. El objetivo no es cansarte: es dejar atrás la postura del coche y conseguir que la respiración y la circulación suban gradualmente.

  • Treinta segundos de marcha rápida o trote suave.
  • Treinta segundos de pasos laterales en ambos sentidos.
  • Treinta segundos elevando talones y rodillas sin impacto excesivo.
  • Treinta segundos combinando movimiento de piernas con círculos pequeños de brazos.

En días fríos conviene hacer esta parte con una capa puesta y quitársela justo antes de pasar a los movimientos específicos. Calentar temblando y descalzo sobre arena helada no aporta ningún mérito.

Minutos 2–4: hombros y escápulas para la remada

Los hombros necesitan movilidad, pero también control. Realiza círculos de brazos hacia delante y atrás, primero pequeños y después más amplios. Continúa con aperturas de pecho y con un gesto de remada lento, prestando atención a que la escápula acompañe el movimiento sin encoger los hombros hacia las orejas.

Una secuencia sencilla puede incluir ocho círculos en cada dirección, diez aperturas de brazos y diez remadas simuladas por lado. Muévete dentro de un rango cómodo. Un calentamiento no es el momento de forzar una articulación hasta el límite ni de convertir cada repetición en una prueba de flexibilidad.

Minutos 4–6: columna torácica y rotación

El surf mezcla extensión para remar, rotación para dirigir la mirada y el tronco, y flexión para colocarse sobre la tabla. Colócate de pie con las rodillas ligeramente flexionadas y gira el torso de un lado a otro de forma progresiva. Después, inclina el cuerpo hacia delante con la espalda larga y vuelve a subir sin rebotes.

Puedes añadir una zancada corta con rotación: adelanta un pie, baja solo hasta donde controles y gira el pecho hacia la pierna adelantada. Haz cuatro o cinco repeticiones por lado. No busques profundidad; busca que cadera, columna y respiración vuelvan a coordinarse.

Minutos 6–8: caderas, tobillos y base estable

La puesta en pie no termina cuando los pies tocan la tabla. Necesitas absorber la velocidad, ajustar la base y seguir mirando la sección. Para prepararlo, combina sentadillas cómodas, zancadas laterales y movilidad de tobillo.

  • Ocho sentadillas controladas, con los pies en una posición natural.
  • Cuatro zancadas laterales por cada lado.
  • Ocho desplazamientos de la rodilla hacia delante sobre cada tobillo, manteniendo el talón apoyado.
  • Diez segundos de equilibrio sobre cada pierna, sin bloquear la rodilla.

Si llevas un neopreno más grueso, prueba esta parte con el traje puesto. Así notarás si el ajuste restringe la sentadilla o la rotación antes de entrar, cuando todavía puedes recolocar el material con calma.

Minutos 8–10: ensaya la puesta en pie

Termina con el gesto más específico. Haz entre cuatro y seis puestas en pie sobre una zona de arena firme o sobre una toalla, empezando despacio y aumentando la velocidad solo si mantienes una buena posición. Alterna alguna repetición con la orientación de pies que usarías para ganar velocidad y otra con una compresión más baja.

La prioridad es la calidad. Si los pies caen cada vez en un lugar distinto, baja el ritmo. Si notas fatiga, detente. La rutina debe dejarte preparado, no llegar al agua con los hombros cargados o las piernas ardiendo.

Antes de cruzar la orilla: lee el mar

El calentamiento físico no sustituye la observación. Dedica un momento a identificar el canal, la zona de entrada, los picos activos, la deriva y la frecuencia de las series. Nuestra guía para leer altura, periodo, viento y marea ayuda a interpretar el parte, pero la playa siempre tiene la última palabra.

Comprueba también invento, cierre del traje y estado general del material. Entrar dos minutos antes no compensa descubrir en la rompiente que el velcro está mal colocado o que elegiste una zona con más corriente de la esperada.

Después de surfear: bajar revoluciones también cuenta

La recuperación empieza al salir. Caminar unos minutos, cambiarse sin quedarse frío y recuperar líquidos y comida con normalidad suele ser más útil que encadenar técnicas sofisticadas sin una razón clara. El descanso, el sueño, la alimentación suficiente y la planificación de días exigentes y suaves siguen siendo las bases.

Si la sesión ha sido larga o tienes previsto volver al agua, revisa nuestra guía sobre qué comer antes y después de surfear. No existe un alimento mágico: importa llegar con energía, reponer líquidos y combinar carbohidratos y proteína dentro de una alimentación completa.

Lo que no conviene hacer

  • Forzar estiramientos en frío: la sensación intensa no convierte el ejercicio en más eficaz.
  • Copiar una rutina ajena sin adaptarla: nivel, movilidad y lesiones previas cambian las necesidades.
  • Convertir el calentamiento en entrenamiento: debes terminar activado, no fatigado.
  • Ignorar dolor agudo: no es una señal que haya que atravesar para “soltar” el cuerpo.
  • Olvidar las condiciones: diez minutos no compensan una entrada mal elegida o un mar por encima de tu nivel.

Una rutina sencilla que sí cabe en un buen parte

Diez minutos no garantizan una sesión perfecta, pero crean una transición clara entre tierra y agua. Activar, movilizar, ensayar y observar: ese orden es fácil de recordar incluso cuando las olas están buenas y cuesta esperar.

La constancia también permite conocerte mejor. Si un hombro se siente limitado cada mañana, si la puesta en pie pierde velocidad o si el frío cambia demasiado tu movilidad, tendrás información útil para ajustar entrenamiento, material o descanso. Calentar no consiste en cumplir un ritual; consiste en llegar a la primera ola con el cuerpo y la cabeza ya dentro de la sesión.

THE SURF TOWN JOURNAL

— Sergio Naranjo Miranda